sábado, 22 de julio de 2017

Descubre la gran verdad del mundo en el que vivimos



Piénsalo por un momento: Ahora mismo podrías estar en el lugar en el que quisieras, quizá pasando las mejores vacaciones de tu vida, quizá conociendo nuevos lugares… y, sin embargo, sigues aquí ensimismado delante de la pantalla de tu ordenador.
¿En realidad qué es exactamente lo que te está bloqueando? ¿Qué es lo que hace que seas incapaz de poder alcanzar tus metas? Todos los días haces lo mismo: te despiertas en el mismo lugar y sigues en tu rutina del día a día sin que realmente cambie nada.
Pero esto no ha sido así: hubo un tiempo en que cada día era un nuevo desafío…Los días parecían eternos pero en algún momento todo cambio.
Ahora todo es rutinario ¿Se supone que esto es crecer? ¿Y ser libres? Realmente… ¿Somos Libres?
Los alimentos, el agua, la tierra, todo aquello que necesitamos para vivir es propiedad de las corporaciones,  ya no hay frutas en los arboles ni agua limpia en los arroyos. Intenta tomar lo que provee el planeta e iras preso. Sigue sus reglas y te ira bien.
Descubrimos el mundo a través de un libro de texto. Pasamos años sentado repitiendo lo que nos dicen, nos ponen a prueba y nos clasifican como a sujetos de laboratorio. Educados no para marcar la diferencia en este mundo, sino para seguir igual que el resto, lo suficientemente inteligentes como para hacer nuestro trabajo… Pero no para cuestionar porque lo hacemos.
Trabajamos y trabajamos sin parar para poder vivir… mejor dicho, para poder sobrevivir, no tenemos el tiempo suficiente como para poder disfrutar de nuestra vida.
Llega el momento en el que recapacitamos, miramos al pasado y comprendemos todo el tiempo perdido, es en ese momento al final del camino que nos damos cuenta que la vida es única y que no somos más que combustibles que alimentan a la elite.… pero ya es demasiado tarde,  ya estamos demasiado viejos para seguir trabajando y entonces nos empiezan a dejar morir, ya no nos queda más que hacernos a un lado y dejar que nuestros hijos entren en el juego, ellos participarán en el tablero de la vida en dónde no serán más que nuevos peones manejados por alguna empresa tras la que se esconde la elite.
En realidad, no somos libres… pero ellos quieren que pensemos que si: nosotros construimos lo que nos mandan, luchamos en sus guerras ¿y todo por qué? Por el dinero. Así es como ellos nos dieron el dinero y nosotros les dimos el mundo.
De hecho, hemos hipotecado nuestras vidas por este metal: los árboles desaparecen y son intercambiados por fábricas, el agua pura ya no existe y los residuos tóxicos se encargan de mermar su calidad de forma progresiva.
El problema del hambre se incrementa; las diferencias entre ricos y pobres también lo hacen y parece que nadie quiere ponerle remedio.
Sabías que en cualquier lugar del mundo hoy en día hay una probabilidad de 42% de contraer cáncer por los efectos de los campos electromagnéticos que producen las líneas telefónicas y los paquetes de wifi. Produciéndote problemas cardiovasculares la cual mata a uno de cada tres personas.
Tomamos medicamentos recetados para tratar estos problemas, pero la atención media es la tercera causa de muerte después del cáncer y las enfermedades cardiovasculares.
Se nos alientan a donar dinero para ayudar a los científicos a crear más drogas para prolongar el problema envés de eliminarla pero las industrias farmacéuticas y las sociedades oncológicas dependen de nuestro sufrimiento para obtener un beneficio, así es que cuando creemos que estamos descubriendo la cura, en realidad, estamos huyendo de la causa.
Somos lo que comemos y los alimentos están diseñada y manipuladas solo para enriquecer a las industrias nos llenamos de químicos tóxicos, los animales que comemos vienen de animales llenos de drogas transgénicos y enfermedades, pero no vemos esto cuando tenemos una Coca-Cola y una hamburguesa triple en nuestro plato.
Las corporaciones monopolizadas que controlan los medios de comunicaciones no quieren que lo sepamos, nos muestran un mundo de fantasía y nos hacen creer que es la realidad.
La elección presidencial bien podría ser como tirar una moneda al aire, son dos caras pero una misma moneda,  el mundo sigue igual no nos damos cuenta que los políticos no trabajan para nosotros, trabajan para aquellos que los llevaron al poder.
Es hora de empezar a cambiar el mundo de una vez por todas; no es algo de ayer o de mañana, es de ahora mismo. Si queremos legar nuestro planeta a futuras generaciones y que nuestros descendientes puedan vivir una vida plena, hay que cambiar las cosas desde ya mismo.
Ahora Internet nos da el poder de compartir un mensaje y unir a millones de personas alrededor del mundo y es hora que tú y yo cambiemos el mundo.
Los días parecían ser eternos, pero algo cambio ...

sábado, 15 de julio de 2017

Málaga: Un bando prohibió andar por la izquierda en 1940



Al franquismo la izquierda no le gustaba ni para andar por las calles. Dentro de las medidas que fijó para endurecer el orden y controlar la moral, decretó la obligatoriedad de que los peatones caminasen por la parte derecha de la acera. Un bando del Ayuntamiento de Málaga, emitido el 12 de abril de 1940, establecía esa norma. Los infractores se arriesgaban, en caso de ser cogidos, a multas de hasta cinco pesetas. Los guardias municipales se encargaban de vigilar el cumplimiento del bando y de imponer las sanciones a los transeúntes que fuesen por la izquierda.

Según se indica en la edición de SUR del 18 abril de 1940, en cinco días se pusieron sanciones por valor de casi 3.000 pesetas. Los agentes del orden, talonario en mano, se acercaban a los viandantes que vulneraban el bando y les hacían pagar el importe correspondiente por su desobediencia. Los hombres eran más reacios que las mujeres a caminar siempre por la derecha.

Se produjeron infinidad de anécdotas, desde el individuo que salía corriendo para no abonar la multa cuando el policía le sorprendía infringiendo la norma hasta los que discutían y porfiaban con la finalidad de que se les perdonase la sanción. Valga el siguiente testimonio de un guardia municipal de la época para saber qué les sucedía a los que hacían caso omiso de la obligatoriedad de ir por la derecha de la acera. «El otro día tuve que llevar a la Aduana a un señor que se empeñó en pasar por la calle de Larios por su mano izquierda. Armó tal escándalo que la gente se arremolinó y, al final, tuvo que pagar el máximo de multa: cinco pesetas».

Control de los bañistas
No solo se vigilaba la circulación por las calles, las playas también se sometieron a un marcaje exhaustivo. En junio de 1940, el entonces gobernador civil de la provincia, José Luis de Arrese, mandó a los alcaldes de los municipios costeros que velasen por el cumplimiento de una orden sobre la moral y el decoro que tenían que seguir los bañistas. De ese modo, hombres y mujeres debían estar en zonas separadas de la playa. Asimismo, se prohibió que las féminas usasen bañadores masculinos. En el caso de los hombres, no estaba permitido el traje de baño que era solo un pantalón.

Otro punto de la orden gubernamental impedía que las personas salieran de la zona habilitada para el baño en bañador o en albornoz. Tampoco se autorizaba que para tomar el sol se luciese un traje de baño más pequeño que el empleado para meterse en el mar.

Los alcaldes contaban con potestad para fijar multas que oscilaban entre las 10 y las 500 pesetas a los bañistas que se saltaban las normas. Además de tener que pagar la sanción, el nombre de los infractores se publicaba en la prensa para que todo el mundo lo supiese.

El franquismo contó con la ayuda de la Iglesia católica en las cuestiones relacionadas con la moral. Se trataba de controlar tanto la vida pública como la privada de la población. Los malagueños díscolos ya sabían a qué se atenían: a la multa y a ser señalados con el dedo inflexible de la censura.

http://www.diariosur.es/v/20110109/malaga/bando-prohibio-andar-izquierda-20110109.html

sábado, 8 de julio de 2017

El tonelero que disparó contra Alfonso XII en 1878


Juan Oliva Moncasí
Era el 25 de octubre de 1878 cuando el rey Alfonso XII estuvo a punto de morir por los disparos de pistola que efectuó un individuo a su paso por la calle Mayor, ya de regreso al palacio real en la calle Bailén. A unos 150 metros, años después, en 1906, su hijo Alfonso XIII también salió ileso de la bomba lanzada por Mateo Morral desde un quinto piso de la misma calle, pero entonces murieron muchas personas. Era el primero de los atentados que sufrió el joven monarca; el segundo vino un año después, también en Madrid por dos disparos de un joven panadero gallego de 20 años.
Era aquel 1878 el cuarto de su reinado, y también el más feliz y el más triste. A comienzos de año se había casado con la jovencísima María de la Mercedes de Orleans, su prima, que murió enferma en menos de tres meses, el 26 de junio, hechos aquellos de extraordinario impacto social, en la calle, en la prensa y entre los políticos. La popularidad del rey, acaso unido a su juventud y sencillez, iba en aumento conforme avanzaba su reinado, que resultó corto. No hubo otro caso igual en la monarquía española, a excepción de su hermana Isabel de Borbón –La Chata-, único miembro de la familia real que fue invitado a no abandonar España por el gobierno provisional de la segunda república.
El atentado contra Alfonso XII, sin dejar de ser grave aun habiendo saliendo ileso, apenas tuvo trascendencia en la prensa, incluido el desarrollo del juicio sumarísimo que llevó al regicida frustrado al garrote vil, lo que no se entiende muy bien dado que otros, también sin consecuencias, fueron mucho más sonados. Los atentados eran frecuentes en toda Europa en las tres últimas décadas del siglo XIX, parte de los cuales cometidos por individuos fanatizados que obraban por su cuenta. La proliferación también tenía que ver siendo tan fácil acercarse a reyes y jefes de gobierno. En cualquier caso, la acción asesina de Juan Oliva careció de relevancia incluso para el pueblo de Madrid, que apenas mostró escaso interés por asistir a la ejecución en el Campo de Guardias de Chamberí, todo lo contrario de las anteriores de Luis Candelas, Rafael de Riego, Diego de León y El Cura Merino.
El atentado ocurrió en la calle Mayor por la tarde ante la Farmacia de la Reina Madre, la más antigua de Madrid, cuando un individuo de 23 años, tonelero tarraconense venido expresamente a la capital, le disparó dos tiros con pistola de dos cañones, aunque fallando ambos. Otros habían dicho que fueron tres los disparos. Nadie resultó herido, lo cual hay que tomarlo como un milagro dada la afluencia de gente en la calle. La impericia de aquel Juan Oliva con el manejo del arma, la tensión a que estaría sometido y el hecho mismo de que el objetivo, el rey, pasase a caballo, es decir, que estuviese en movimiento, fueron factores determinantes para que no ocurriera nada. Se dijo también que se salvó porque una anciana logró sujetar el brazo de Oliva un segundo antes, lo cual resulta casi inverosímil en esa clase acciones casi instantáneas ante las que nadie reacciona.
Alfonso XII era rey de España desde 1874, desde dos años antes de que terminase la tercera guerra carlista a la que puso fin, de ahí el apelativo de Pacificador. No se decía entonces, pero la realidad indicaba que el pueblo no lo aclamaba tanto por el hecho de ser rey, sino por afecto viéndolo tan joven y por los muchos sentimientos que concitó haberse quedado viudo al poco de casarse. Había nacido también la veneración por la joven reina muerta de 16 años, que sigue atrayendo las miradas de los visitantes en su nicho de la Catedral de la Almudena.
Aquella tarde del 25 de octubre el rey desfiló por las calles de Madrid acompañado por las tropas que habían participado en unas maniobras por tierras abulenses. Aquella clase de actos oficiales siempre concitaba la curiosidad popular, al tiempo que atraía los riesgos de visionarios y anarquistas obnubilados por consignas irracionales, pero aun así no se tomaban medidas para tratar de impedirlo. Alfonso XII, por ejemplo, era un paseante asiduo del Retiro en carruaje descubierto, de donde regresa a palacio siempre por las mismas calles.
Octubre de 1878. Alfonso XII tenía tan solo 21 años. Su asesino frustrado, 23, de profesión tonelero, vecino de Cabra del Camp, Tarragona, llamado Juan Oliva Moncasí, nacido el 15 de noviembre de 1855. Oliva había llegado a Madrid una semana antes, y enseguida se dispuso a buscar el lugar del atentado. El día elegido, por la mañana, entró en un café, donde escribió las últimas líneas de un diario que se le ocupó, en el que contaba los pormenores del atentado. Cualquier punto de la estrecha calle Mayor le hubiera valido, y eligió uno como podía haber elegido otro, acaso porque observó que no había ningún guardia en derredor. El lugar fue la acera de la Farmacia de la Reina Madre, hoy situada en el número 59.
Pero Oliva erró los dos tiros. No tuvo tiempo ni humor para cargarla de nuevo. Fue detenido allí mismo en plena calle Mayor. El rey apenas se enteró, obligado entonces a proseguir apresurado en dirección a palacio. Oliva confesó a la policía que era republicano federal, que el atentado no se lo había comunicado a nadie y que fue hecho por propia y exclusiva voluntad, no por odio a la persona del rey, sino a la tiranía que representaba. Razonamientos propios de una mentalidad anarquista de época. En el juicio fueron nombrados cuatro facultativos, dos por la defensa y dos forenses por el juzgado. Tres declararon que no habían hallado en Juan Oliva síntoma, signo ni acto alguno que demostrase perturbación de sus facultades intelectuales y afectivas, pero sí se pusieron de acuerdo en que el acto criminal, aunque fue producto del fanatismo doctrinario, había que situarlo bajo el dominio de su libre albedrío.
Juzgado en Madrid el 12 de noviembre de 1878, la sentencia la impuso el juez de primera instancia del distrito de Palacio, que calificó el acto como delito frustrado de lesa majestad contra la vida del rey, con las circunstancias agravantes de alevosía y premeditación conocida, condenándolo a la pena de muerte, sentencia que confirmó la Sala de lo Criminal de la Audiencia, matizando que los hechos probados constituían un delito de regicidio frustrado sin circunstancias atenuantes, por lo que lo condenaba a la pena de muerte en garrote, lo que se llevó a cabo el 4 de enero de 1879 en el Campo de Guardias de Chamberí, terrenos que ocupan los depósitos e instalaciones del Canal de Isabel II entre las calles Bravo Murillo y Santa Engracia.
Al cabo de unos días, el rey recibió en audiencia particular al abogado defensor de Oliva, Jiménez del Cerro, al procurador de la Audiencia, Manuel de Elías, y al hermano del acusado, Gregorio, que le presentaron los pliegos de firmas recogidas para la conmutación de la pena. El rey les prometió que pediría al Presidente del Consejo de Ministros el indulto. Antonio Cánovas del Castillo, una vez conocida la sentencia última del Tribunal Supremo, la llevó a debate a su gobierno, pero al margen de trámites y peticiones de clemencia, lo cierto es que Oliva rechazó cualquier intento de petición de indulto. Asumía plenamente los hechos.

martes, 4 de julio de 2017

Hasta siempre amigo!!!

El activista Lagarder abandona España: "Fui condenado por el franquismo"
Se hace efectiva la orden de expulsión contra él, de diciembre de 2016,cuando salió de los calabozos de Málaga donde fue detenido por agredir y morder a un policía.

"Hoy, después de 13 años, tengo que dejar este país. Este país fui condenado (sic) por el franquismo que aún sigue vivo, este país que desprecia los derechos de las minorías y de tantísima gente que está sufriendo, este país que pisotea los derechos de tantísima gente que todavía en el siglo XXI están en la cuneta. La buena noticia es que volveré" asegura Lagarder a través de un vídeo en Twitter.
Importante mensaje para los fachas de España...
Queridos fachas hoy dejo España, el país donde sigue reinando el franquismo y la corrupción. Me voy pero nunca callare, NUNCA . http://www.huffingtonpost.es/2017/07/04/el-activista-lagarder-abandona-espana-fui-condenado-por-el-fra_a_23015424/https://www.facebook.com/lagarder81/?ref=br_rs



domingo, 25 de junio de 2017

Muerte del joven anarcosindicalista Valentín González Ramírez (1958-1979)




''El 25 de junio de 1979 moría, a manos de un policía nacional, por disparo a bocajarro de una bala de goma, el joven anarcosindicalista Valentín González Ramírez, cuando se disponía a ayudar a su padre brutalmente apaleado por otro guardia nacional, por encontrarse en huelga pacífica y legal de las Collas de carga y descarga del Mercado de Abastos de Valencia''
Los policías empezaron a cargar sin motivo sobre los trabajadores al grito de uno de los mandos: “A cargar”, “es que no tenéis cojones”, “he dicho que carguéis”. De repente a los trabajadores empezaron a caerles porrazos por todas partes, lo cual les llevó a refugiarse en la caseta que tenía la colla en el mercado. Para que salieran de la caseta, la policía les tiraba por la ventana botes de humo, según iban saliendo les daban más porrazos, entre ellos al padre de Valentín. Al ver esto Valentín se giró y dijo “ya está bien de pegar a mi padre”, dicho esto un policía le disparó a bocajarro una pelota de goma directa al pecho, la cual le reventó el corazón. Tendido en el suelo, y según los testigos aun le pegaron con una porra. Su padre al verle se quiso acercar a él, pero la misma policía no le dejó. Se lo llevaron al hospital, donde ingresó ya cadáver. Se le practicó la autopsia, y la conclusión fue “parada cardiaca”. El día 26, mientras un centenar de sus compañeros hacen guardia ante un círculo de carretillas de carga y descarga en torno a una silueta de tiza pintada en el suelo, se hace un llamamiento a la huelga general hasta las 24 horas del 27 de junio.
https://mega.nz/…

lunes, 19 de junio de 2017

A 80 años de los Hechos de Mayo en Cardona


                 Pozo Alberto, mina Nieves, Cardona. MTI Minas de Cataluña

En mayo de 1937 la Guardia de Asalto intentó ocupar la central de la Telefónica de Barcelona. Esto provocó un enfrentamiento armado que se extendió rápidamente por toda la ciudad y otros pueblos de los alrededores de la capital catalana durante seis días. Esta resistencia era un movimiento de base dirigido por los mismos organismos revolucionarios que habían propiciado la victoria del 19 de julio: los comités de defensa, los grupos anarquistas, las juventudes y entidades políticas como el POUM y la Agrupación de Los Amigos de Durruti.
El conflicto entre revolución y contrarrevolución se saldó con la derrota de la primera por que los comités superiores de la CNT desautorizaron toda forma de resistencia y pactaron una tregua. La adhesión a la unidad antifascista exigía continuamente gestos de «responsabilidad» ante las otras fuerzas. Esto implicaba dejar la revolución para más adelante y dedicarse a ganar la guerra como decía el lema de los estalinistas, ahora también asumido por los comités superiores confederales. Por lo tanto, los Hechos de Mayo marcan el final de la revolución social en Cataluña, puesto que a partir de entonces las conquistas revolucionarias fueron revertidas por la Generalitat y los partidos que apoyaban la contrarrevolución.
Generalmente buena parte de la historiografía libertaria se centra en la ciudad de Barcelona, epicentro del movimiento revolucionario, dejando en un segundo plano los pueblos y las comarcas. Este artículo pretende dar a conocer la respuesta revolucionaria del pueblo de Cardona, situado en medio de Cataluña. La revuelta que se relatará a continuación fue ignorada por los diarios del POUM y la CNT. De hecho, tampoco es un hecho que recuerden con ningún orgullo en particular algunos de sus protagonistas. Se puede deducir que no consideraban estar haciendo nada especial: no consideraban estar tomando el poder, sino manteniendo la revolución.

El periodo republicano

La explotación de la minería de Cardona comenzó en los años veinte, provocando la llegada al pueblo de centenares de familias trabajadoras del sur de la Península Ibérica que se instalarían en la nueva barriada de La Coromina. Este factor será clave durante toda la década de los treinta, debido a la gran grieta política y social entre la población local y la recién llegada (según Fortich). En el pueblo ya existía un sindicato de oficios adherido a la CNT, pero a finales de 1930 se fundaría el Sindicato Único Minero que inmediatamente tomará el liderazgo del sindicalismo local debido a su gran número de afiliados.
Como antecedente inmediato tenemos la huelga minera de las «nueve semanas», que paralizaría el vecino pueblo de Suria el invierno 1929-30 que tendría también impacto en Cardona creando un ambiente de rebeldía entre los mineros. Como otros pueblos mineros, las condiciones de la mina eran tan duras que las constantes giras de propaganda consiguieron instaurar entre los trabajadores una conciencia revolucionaria.
A pesar de todo la aparición del sindicato se recibimiento con bastante indiferencia por la población local (según fuentes anarquistas), como constata la carencia de ayuda activa a la huelga minera de la primavera-verano de 1931. La huelga tuvo que ser sofocada por 300 soldados del ejército dirigidos por el general Batet y 56 mineros resultaron despedidos [1]. De esta huelga tenemos un relato a Solidaridad Obrera: “los obreros nos incautamos las minas y formamos guardias contínuas para poder responder del orden de todo” [2] A pesar de esta visión pesimista de la sociedad cardonina de los libertarios, la CNT era el sindicato unitario del proletariado y en agosto ya contaba con unos 1.400 afiliados, lo que significaba prácticamente toda la clase obrera local.
Como otros pueblos de la comarca el enero de 1932 los mineros se unieron al movimiento insurreccional que había empezado en Fígols. Los insurrectos se hicieron fácilmente con el control del pueblo y proclamaron el comunismo libertario. La barriada de La Coromina hervía de iniciativas (comedores populares, proyectos culturales, un esbozo de milicias, etc.). Sin embargo, en el pueblo de Cardona la población permaneció ajena al movimiento, y de hecho hostil. Como el sindicato quedó clausurado durante meses por la derrota de la insurrección, en el pueblo se inició una deslegitimación sistemática de la CNT y del anarquismo, que este no pudo contrarrestar en muchas semanas. Es durante estos meses cuando arraigaría un sindicato de la UGT, que organizaría el sector fabril-textil, y también aparecería el BOC.
En marzo de 1933 la CNT de Cardona tenía tan sólo 475 afiliados, representados en el Pleno Regional por Jesús Torres Martínez, que había tenido un papel destacado en enero de 1932 (y que como consecuencia tuvo que marchar del pueblo durante años). A pesar de la crisis, el Sindicato Único Minero todavía era capaz de efectuar movimientos huelguísticos como el de abril de 1933 cuando 139 mineros se encerraron a una galería de la mina a 700 metros bajo tierra durante dos semanas. O también tuvo fuerzas para sumarse al movimiento del 8 de diciembre de 1933. Aquel día un grupo compuesto por Martín Zomeño, Juan y Gaspar Lorente, José y Ramon Alcaide, Cristo Clemente y Joan y Ramon Fortich patrullaron las calles del pueblo, infundiendo «el pánico entre la gente de orden». Eran el grupo que dirigía la insurrección de aquel momento. En marzo de 1934 los 800 mineros volvieron a hacer huelga y 44 de ellos se volverían a encerrar. Esto tendría consecuencias a raíz de los hechos de Octubre de 1934 y un centenar de mineros serían despedidos.
Pero no se entiende este periodo sin ver el alcance del anarquismo local, que era el motor de la CNT. En el pueblo existía una federación local de la FAI compuesta por grupos de afinidad creados entre 1932 y 1934 que se anunciaban en las páginas del Tierra y Libertad: Adelante, Justicia y Libertad, Maximiliano Puertas, Amor y Libertad y el grupo artístico libertario Luz y Amor. Es decir, aproximadamente unas 40 personas, que a su vez tenían una proyección en un número de personas mucho mayor. Quizás la CNT había perdido la hegemonía sindical (a pesar de que todavía conservaba la mayoría sindical), pero a la vez había fortalecido su naturaleza político-sindical. Si la CNT tenía unos 500 afiliados, habrá que tener en cuenta a partir de ahora que estos ya se identificaban plenamente con el modelo de sociedad del anarquismo.
Después del periodo de clandestinidad de 1935 – derivado de los hechos de Octubre – ERC tomó la iniciativa y se acercó a La Coromina para pedir que los mineros votasen a las elecciones de febrero de 1936. La CNT no tomó ninguna decisión como organización, pero no veía con malos ojos el hecho que centenares de familias (recordamos que la gran mayoría eran recién llegadas de otras tierras) votaran en esta ocasión. Se veía muy necesario volver a una situación de legalidad y los votos cenetistas fueron claves para derrotar a la Liga, que en Cardona tenía un discurso de ultraderecha. Por lo tanto, gracias a la CNT Esquerra Republicana ganó las elecciones, superando a la Liga por poco más de un centenar de votos.
En aquel año en el Congreso de Zaragoza asistió Martín Zomeño como delegado del Sindicato Único, que ahora representaba a sólo 200 afiliados. Podemos constatar un gran caída, que no obstante se recuperaría semanas después llegando en julio a una afiliación parecida a la de 1933. Este es un error muy común entre los historiadores del movimiento obrero al no tener en cuenta la situación de anomalía política que vivía el país en 1936. Hacía unas pocas semanas que había vuelto la normalidad y muchos sindicatos estaban en plena fase de reestructuración o, incluso, de refundación, de forma que para el Congreso de Zaragoza la CNT estaba lejos de estar a pleno rendimiento.


Billete de Cardona del 13 de mayo de 1937. Ver el detalle de la firma de Juan Fortich y Martin Zomeño

Guerra y revolución

De este modo llegamos al 19 de julio. En el pueblo todo quedó tranquilo y un grupo mal armado de mineros marchó a Solsona, donde la situación no estaba nada clara debido a la fuerte presencia de personas de derechas. Zomeño y Ramon Fortich, delegados del grupo, enviaron al obispo a Andorra acompañado de gente de ERC (liderada por Francesc Viadiu) para evitar posibles represalias sobre él, puesto que había personas que lo querían ejecutar. Del mismo modo el día 20 había llegado un grupo de milicianos de Suria que arengarían a la población desde el balcón de la Casa Consistorial instándola a hacer la revolución. El odio contra la iglesia provocará el incendio de la iglesia de Cardona el día 24. De hecho se decía que el pueblo no puso "muchos esfuerzos" en quemarla.
Otro aspecto de la llegada de la guerra al pueblo fue el envío de un camión con seis toneladas de explosivos en Barcelona, el mismo 20 de julio. También había mineros cardoninos entre la partida de voluntarios que bajó de Fígols, Suria y Sallent para ayudar a la derrota de la sublevación militar de Barcelona. Estos «dinamiteros» saldrían con la Columna Durruti hacia la Aragón el 24 de julio bajo la denominación de Centuria Dinamiteros de Fígols.
Durante los días de julio y agosto funcionaron en el pueblo dos comités: el de Cardona y el de La Coromina. Uno estaba dirigido por el Ayuntamiento (ERC) y el otro por la CNT. A finales de agosto los dos comités se fusionaron pasando a estar dirigidos por el alcalde republicano Josep Torrents, pero teniendo mucho peso en él los sindicatos [3]. Estos controlaban el consejo de defensa del pueblo, que estaba compuesto de cuatro miembros de CNT (Agustí Galera, Martí Zomeño, Josep Cortez y Manuel Medran) y tres de UGT.
Las expropiaciones fueron inmediatas, dado que algunas personas de derechas abandonaron el pueblo. De este modo se expropiaron algunos comercios que serían agrupados en la Cooperativa Única Popular, cuyo el local estaba situado en la casa de la ex-alcalde Joan Torres. El comercio y los servicios del pueblo quedarían socializados entre los dos sindicatos. El sindicato UGT se instalaría en el edificio de las Carmelitas, mientras que la CNT lo haría en el Patronato Obrero. Y por supuesto, quedarían col·lectivitzades las fábricas (La Plantada, Gallifa y La Papelera) y las minas (Unión Española de Explosivos, que después se llamará Explotaciones Potásicas Colectivizadas). La UGT desde la consejería de economía impulsaría una cooperativa de construcción y también controlaría el transporte.
Pero la industria no pudo ser socializada bajo un plan de conjunto, como proponía el cenetista Zameño. La propiedad privada todavía tenía un peso fuerte a la sociedad cardonina de 1936-37, y ERC era su máximo defensor a nivel local, negándose a ir más allá de la mera gestión colectiva de las fábricas. Además la carencia crónica de materias primas hacía que las fábricas sólo pudieran operar tres días en la semana. Por lo tanto, las empresas colectivizadas daban una imagen de precariedad e improvisación, puesto que los cuadros partidarios de la colectivización de las empresas no tenían mucha formación. Las agrupaciones locales de ERC de los pueblos se escudaban en la legalidad de la Generalitat para no adoptar la socialización de la economía, aceptando a regañadientes las colectivizaciones de empresa llevadas a cabo a partir del Decreto de Colectivizaciones.
Otro factor a tener en cuenta era que en el campo todavía no había llegado el espíritu colectivista y los campesinos no simpatizaban nada en absoluto con los “ateos, extremistas y dinamiteros” de la CNT que además veían como extranjeros. La mayoría del campesinado local ingresaría en Unió de Rabassaires. Aún así, un grupo de labradores formaría el Sindicato de Trabajadores del Campo (UGT) y colectivizaría la finca El Mujal. Los colectivistas (CNT, UGT y POUM) respetarían las fincas pequeñas pero se incautarían de las de la gente de derechas. En octubre de 1936 habrá un enfrentamiento que provocaría la muerte del rabassaire Josep Vila. Este será un momento clave, puesto que se hacía patente la profunda división entre partidarios y detractores de la revolución en el campo, siendo mayoría los segundos. Tampoco ayudarían mucho las ejecuciones de los derechistas.
Por lo tanto vemos que existía un conflicto de intereses larvado, que se arrastraba desde 1930 y que estallaría en mayo de 1937.
 
Los Hechos de Mayo

Todo empezó a finales del mes de abril con un grupo de milicianos de la Columna Tierra y Libertad que estaban en el pueblo de permiso. Desde la Cerdaña llegan noticias de los enfrentamientos entre revolucionarios y contrarrevolucionarios y ese grupo irá a Bellver, donde el 27 tendrá lugar un fuerte enfrentamiento armado (con participación de aquel Francesc Viadiu de Solsona, que hemos nombrado antes, que dirigía una unidad de guardias de asalto). Allá muere un compañero de Cardona, Antonio Raja (o Rajo) Noguera. Esto electrizaría el ambiente entre los revolucionarios cardoninos. De este modo cuando llegan las noticias de Barcelona de los Hechos de Mayo, los revolucionarios tomarían el control de la central telefónica y establecerían una estrecha vigilancia en todo el pueblo. En este ambiente de tensión los cenetistas notarían movimientos sospechosos de miembros de las Juventudes de Esquerra Republicana y de los rabassaires. De hecho, el consejero de defensa, Navarro, descubrió que un consejero de ERC llevaba unos fusiles escondidos con una lona, cosa que haría saltar todas las alarmas.
En el local de los rabassaires se reuniría en la tarde del día 4 de mayo unas 150 personas para efectuar un acto político y cultural. De forma que los libertarios pensaron que se trataba de un complot para tomar el pueblo (cómo había pasado en Barcelona o en la Cerdaña) y actuaron de inmediato. Después de la finalización del acto un grupo de cenetistas armados fueron al local y se situaron afuera. De repente, alguien desde dentro efectuó unos disparos de fusil desde las ventanas del local ocasionando un muerto, José Torres Martínez, de la CNT. Por lo tanto, los cenetistas atacarían el local con fusiles y dinamita hasta la rendición de todo el mundo. En el tiroteo se produjo otro muerto, un rabassaire, y dos heridos. El ataque estaba dirigido por Jesús Torres, hermano del caído [4].
De forma que por en la noche del 4 al 5 de mayo los libertarios dirigidos por el consejero de defensa, Josep Navarro, tomarán el control del pueblo. Los revolucionarios detuvieron a diecisiete miembros del bando catalanista fruto del enfrentamiento del día anterior, pero posteriormente esta cifra sería más grande, imponiéndolos multas de entre 500 a 1.000 pesetas con objeto de pagarle 3.000 pesetas a la viuda de Raja y 3.000 a la de Torres. A la sesión extraordinaria del consejo municipal celebrada el día 5, el alcalde Torrents fue revocado por la oposición de CNT, de UGT y del POUM (con la abstención del PSUC), grupos que convocarían un nuevo consejo municipal formado por estas organizaciones, puesto que ERC y UR retirarían sus representantes como protesta.
A efectos prácticos, el nuevo consejo municipal, constituido el día 5, quedaría controlado por la CNT y la UGT (que en el pueblo no estaba influida por el estalinismo). El consejo estaría presidido por Josep Navarro. Incluso emitió moneda propia el 13 de mayo. En el entierro de Torres iría también la gente del PSUC que sorprendentemente en Cardona había optado por la neutralidad, posiblemente esperando momentos mejores. Días después se procedería a despedir a la gente de ERC que trabajaba en las minas.
Todo esto provocó la huida de toda la gente que no era partidaria de la revolución y por ello unas 200 personas abandonaron el pueblo con sus familias encontrando refugio en los pueblos de los alrededores. El caso es que Cardona quedará completamente en poder de los “incontrolados”, como los llamaba el diario “El Día” de Manresa, hasta el mes de julio.
A mediados de junio, un grupo de la guardia de asalto enviado desde Manresa y capitaneado por Marcel Augés intentaría tomar el control de la situación pero sería derrotado. Augés declararía luego que Navarro le tenía encañonado con una pistola y en estas condiciones le hizo llamar a Manresa por teléfono. La Confederación manresana ordenaría su puesta en libertad inmediata. Unos días después, el 2 de julio, vendría una nueva expedición que - esta vez sí - detendría a Ramon y Agustí Fortich, Pombo, Mil, Peñarroya, Navarro y Josep Monegal (presidente del POUM local) que fueron enviados a los juzgados de Berga (el municipio de Cardona dependía de la comarca del Berguedà). Durante el traslado se identificarían unos guardias que eran de la CNT de Valencia que intentaban tranquilizar a los revolucionarios. A pesar de ello, veinte compañeros armados protegieron a los detenidos hasta las dependencias de la prisión de Berga. Ramon Fortich recuerda que el comité de apoyo de Berga se portaría muy bien con ellos. Y que Josep Ester los proporcionó incluso pistolas en el segundo día de estar presos.
Esta situación anómala, revolucionaria, duraría hasta el mes de octubre. Después de la detención de Navarro y Fortich seria Paulino Lorente de la UGT quién asumiría la presidencia del consejo municipal. Pero a partir de octubre se instaló un batallón del ejército (y del SIM) en el pueblo y el Ayuntamiento fue ocupado sucesivamente por dos alcaldes comunistas asignados por la Generalitat: Lorenzo Sanz y José López. Fortich encabezaría el comité de control de la mina, la empresa más importante del pueblo, que a partir del 17 de octubre pasaría a ser propiedad de la Generalitat.
Hay que contextualizar que entre enero y septiembre de 1937 tuvieron lugar una serie de choques armados entre los partidarios de la revolución y la contrarrevolución y que generalmente siempre venció el bando antirrevolucionario debido a la falta de una respuesta decidida de la CNT.
 
Conclusiones

Recuperar la memoria de los Hechos de Mayo de Cardona no ha sido nada fácil, dado que la historiografía cenetista nunca se preocupó de este hecho, puesto que iba en contra de su línea oficial. Pero tampoco fue un motivo de especial recuerdo para los militantes que lo protagonizaron. Cuando ellos hablan de la revolución se refieren al 19 de julio y no al 4 de mayo de 1937. Muy probablemente esto se deba a que la respuesta revolucionaria fue espontánea y no estaba en absoluto preparada y posteriormente no pudo ser evaluada y teoritzada.
Los revolucionarios cardoninos no eran conscientes de lo que estaban haciendo puesto que de haberlo sido, habrían contagiado todo el Alto Llobregat y el Cardener – un territorio central en Cataluña – o como mínimo habrían preparado la defensa del pueblo. Tampoco aprovecharon la situación para imponer las medidas socializantes que se les había denegado en los meses anteriores.
Expulsar del consejo municipal a ERC y UR fue producto de una serie de factores: la tensión política entre catalanistas y cenetistas, la tensión entre los campesinos y los mineros, la tensión entre revolucionarios y contrarrevolucionarios, el envío solidario de ayuda en Puigcerdá, los muertos de unos y de otros... todo esto desembocó en un choque armado.
La victoria del bando revolucionario de Cardona el 4 y 5 de mayo les concedió el poder político. Pero tomar el poder quería decir la guerra total contra todas las fuerzas políticas contrarevolucionàries (como fue el caso de ERC, que literalmente «se la echó del pueblo»). ¿Estaba preparada la CNT para hacer esto a gran escala? Este era el gran dilema de 1936-37.
40 años de franquismo implantaron un recuerdo nefasto en el pueblo de aquella Cardona revolucionaria - los anarquistas siempre han sido presentados como demonios - y nadie ha sido capaz de revertirlo en todo este tiempo. El anarquismo ha quedado como una anomalía histórica en la "vida de una villa pacífica" cuando fue la vía hacia una sociedad socialista de una mayoría de la clase trabajadora catalana. Si Cardona fue la última localidad catalana al ser derrotada en 1714, también lo seria durante la contrarrevolución de 1937.

* Este artículo es una adaptación del capítulo sobre Cardona de «Teixint el fil roig i negre. La història llibertària de Manresa i comarca», del mismo autor. Original en catalán en Bllibertari.org


domingo, 11 de junio de 2017

Las personas migrantes, las principales víctimas de la tortura en España



Más de la mitad de las personas que denunciaron haber sufrido torturas en 2016 son migrantes.
Más de la mitad de las personas que denunciaron haber sufrido torturas en 2016 son migrantes. Desde La Coordinadora para la Prevención y Denuncia de la Tortura (CPDT) recuerdan las protestas que tuvieron lugar en octubre y noviembre en varios Centros de Internamiento de Extranjeros. 

miércoles, 31 de mayo de 2017

El gobierno central confirma la existencia de 2.500 fosas comunes en el Estado Español



Mientras en el poder se mantiene el régimen monárquico que instauró el dictador y sigue sin hacerse justicia a los criminales de guerra, sin expropiarse las fortunas que obtuvieron, ahora en manos de sus herederos, todo ello como resultado de nuestra modélica Transición, siguen contabilizándose miles de fosas comunes, cifras que son un mapa de los fusilamientos e inhumaciones extrajudiciales cometidos por los franquistas.
Mientras en el poder se mantiene el régimen monárquico que instauró el dictador y sigue sin hacerse justicia a los criminales de guerra, sin expropiarse las fortunas que obtuvieron, ahora en manos de sus herederos, todo ello como resultado de nuestra modélica Transición, siguen contabilizándose miles de fosas comunes, cifras que son un mapa de los fusilamientos e inhumaciones extrajudiciales cometidos por los franquistas. 
Alrededor de un 10% de esos enterramientos irregulares de la Dictadura ha desaparecido bajo infraestructuras y operaciones urbanísticas
El Ministerio de Justicia ha desvelado los datos oficiales sobre el número de fosas comunes de la Dictadura que existen en todo el país.
Aun se trata de una cifra que puede cambiar en los próximos meses, pero ya revela el alcance de un problema al que se sigue sin poner una solución.
Estos datos forman parte de la estrategia de aplicación de la Ley de la Memoria Histórica hasta esta primavera. Cifras que son un mapa de los fusilamientos e inhumaciones extrajudiciales cometidos por los franquistas.
Hasta el pasado 17 de abril se han contabilizado en España 2.457 fosas comunes, de la cuales 1221 siguen sin ser abiertas y lo más preocupante: 250 han desaparecido por la construcción de infraestructuras, por ampliación de calles, por planes urbanísticos.
Por comunidades autónomas, Aragón se sitúa a la cabeza en el número de enterramientos irregulares con 600 fosas, le sigue Andalucía con 550 y Asturias con 324.


El Ministerio de Justicia ha desvelado los datos oficiales sobre el número de fosas comunes de la Dictadura que existen en todo el país.
Aun se trata de una cifra que puede cambiar en los próximos meses, pero ya revela el alcance de un problema al que se sigue sin poner una solución.
Estos datos forman parte de la estrategia de aplicación de la Ley de la Memoria Histórica hasta esta primavera. Cifras que son un mapa de los fusilamientos e inhumaciones extrajudiciales cometidos por los franquistas.
Hasta el pasado 17 de abril se han contabilizado en España 2.457 fosas comunes, de la cuales 1221 siguen sin ser abiertas y lo más preocupante: 250 han desaparecido por la construcción de infraestructuras, por ampliación de calles, por planes urbanísticos.
Por comunidades autónomas, Aragón se sitúa a la cabeza en el número de enterramientos irregulares con 600 fosas, le sigue Andalucía con 550 y Asturias con 324.



miércoles, 17 de mayo de 2017

Agosto 1944: Los españoles en la Liberación de Paris. Testimonio de un anarquista español


                            Manuel Lozano al llegar a París
Manuel Pinto Queiroz-Ruiz, mejor conocido por su seudónimo Manuel Lozano, nació en Jerez de la Frontera, Cádiz el 14-4-1916. Hijo de un barbero anarquista (que fue fusilado por el franquismo) y huérfano de madre en edad temprana, desde muy joven trabaja en una destilería y de obrero en las viñas jerezanas, en 1932 ingresa en CNT (sindicato de arrumbadores) y en las JJLL, año en que aprende a leer y escribir. Iniciada la guerra de 1936, tras la caída de Jerez en manos fascistas, huye a zona republicana y combate en distintos frentes: Málaga, Granada, Marbella, Almería, Murcia y Alicante hasta el final de la conflagración. En marzo de 1939 se exilia a Orán, donde, apenas llegado, es arrestado por la policía gala y encerrado en un campo de concentración. Pasó por cinco de esos campos en Argelia y Marruecos hasta noviembre de 1942 en que los ejércitos anglo norteamericanos ocupan el norte de África. Ingresa en los Cuerpos francos de África (segunda división blindada) interviniendo en la toma de Bizerta, abril de 1943; se le traslada a Inglaterra en mayo de 1944, y desde agosto combate en Francia (División Leclerc, 9a. compañía del 3o regimiento): batalla de Normandía, toma de Alençon. El 24 de agosto de 1944 es el primero en entrar en París, hecho silenciado por el patriotismo francés, participa de seguido en la liberación de Estrasburgo (septiembre) y en la toma de los campos de concentración de Dachau y Berchtesgaden. Liberada Francia, era de los que confiaban en continuar con la liberación de España que, como es sabido, no se produjo. Abandonada la idea de acabar militarmente con el franquismo, Lozano continúa su militancia afiliado en la CNT del Exilio en Paris. Colabora en Anarkia, CNT, Siembra, Tierra y Libertad de México, Acracia de Australia. Edita la revista poética, Ráfagas, y publica varios folletos, esencialmente de poesía: Ensayo poético (1986), Aires libertarios (1986), Aires andaluces (1987), Andalucía sin fronteras, Eco anárquico, Eco jerezano (1987), Ráfagas (1987), Pensamiento poético (1988), Estampa andaluza (1991), Jerez sin frontera, Prosa poética, Recopilación poética (1991).
En las siguientes páginas reproducimos folleto escrito en 1985 por Laurent Giménez titulado, “Agosto 1944, Los Españoles en la Liberación de Paris Testimonio de un anarquista español”, quien nos relata algunos de las acontecimientos vividos por el anarquista y anarcosindicalista Manuel Lozano, que falleció el 23 de febrero de 2000, en Paris.
Grupo Cultural de Estudios Sociales de Melbourne
En el exilio Abril 2011

En el cuarto piso de un viejo caserón del XIX distrito de Paris es donde reside Manuel Lozano. Uno de esos viejos caserones achaparrados y centenarios, como todavía se hallan en ciertos distritos de Paris, y que evocan irresistiblemente el universo dostoievskiano o el de Eugenio Sue. En cada rellano de escalera, se espera uno a ver aparecer a Raskolnikov, despavorido y sanguinolento, terminado de cometer su crimen.
En el piso de Manuel, son radicalmente diferentes las imágenes que se fijan al espíritu. Apenas atravesado el umbral, el mundo del gran escritor ruso deja la plaza libre al de Cervantes. Es que el parecido entre el dueño del sitio y el inmortal “Caballero de la triste figura” es sorprendente: la misma delgadez de cuerpo, la misma altura soberana un poco encorvada; el mismo idealismo también, intransigente y utópico.
Sobre las paredes cubiertas de innumerables dibujitos abstractos sobresalen los recuerdos, testimonios de un pasado poco común: fotografías, claro, pero también condecoraciones militares y citaciones diversas. Una de ellas llama particularmente la atención la que atribuye al “soldado Manuel Lozano” la cruz de guerra. Lleva en la cabecera el membrete de la segunda división blindada, está fechada el 31 de octubre de 1944, y firmada por el general Leclerc.
Manuel recuerda. Hace cuarenta y un años, el 24 de agosto de 1944, un destacamento de la segunda división blindada, mandado por el capitán Dronne, marchaba en silencio hacia Paris. Manuel iba a la cabeza del convoy, en el coche de mando, justo delante del jeep del capitán. Hacia las nueve menos cuarto de la tarde, se franquea la Puerta de Italia. El vehículo en el cual van Manuel, cuatro soldados más, españoles también, y un subteniente francés, es el primero de las fuerzas aliadas en entrar en la capital ocupada.
Su país que ya no reconoce
Todo empieza en julio de 1936, cuando los ejércitos españoles de África, rápidamente puestos a disposición del general Franco, deciden sublevarse contra el gobierno legal de la República. En ese mes de julio tórrido, Manuel trabaja en los vastos viñedos alrededor de Jerez de la Frontera, su ciudad natal. A los 19 años, ya es miembro, desde 1932, del sindicato de arrumbadores, y frecuenta las Juventudes Libertarias. Por eso, nada de asombroso si Manuel, cuando Jerez cae bajo el dominio de los rebeldes, se escapa para juntarse con las fuerzas del ejército republicano.
Las vicisitudes de la guerra van entonces a conducirlo a muchos frentes, de Málaga a Murcia, pasando por Granada, Marbella, Almería y Alicante. En marzo de 1939, es la derrota de los republicanos. Manuel, como millares de sus compañeros de infortunio, decide irse de España, su país que ya no reconoce. El 28 de marzo, se embarca entonces a bordo de la “Joven María”, y el primero de abril, la silueta tranquila del Puerto de Orán, territorio francés en aquella época, se perfila en fin al horizonte. La esperanza es inmensa: después del infierno de los combates y la amargura de la derrota, la libertad solo está a unas leguas de distancia. La realidad, desgraciadamente, sería diferente.
“Había un montón de barcos cargados de refugiados. Las autoridades no les permitían bajar, ni les suministraban. Había muchas enfermedades...”
No obstante, Manuel y sus compañeros consiguen desembarcar y perderse entre la muchedumbre abigarrada que transitaba por Orán en los años cuarenta. En seguida se dan cuenta de la extrema precariedad de su situación. Refugiados clandestinos, sin hablar ni una palabra de francés, y, sobre todo, sin un céntimo en el bolsillo, ¿que  podían hacer?, ¿adónde podían ir?
“En el puerto, cuenta Manuel, un viejo pescador nos había indicado la dirección de un hotel donde, si teníamos dinero, aceptarían alojarnos y darnos de comer. Pero no teníamos otra cosa que una vieja cartera llena de documentos inútiles. Sin embargo, fuimos a ver al propietario a quien yo le dije (hablaba español) que la cartera contenía dinero con el cual podríamos pagarle. El me creyó, sin ninguna sospecha, nos ofreció de comer, y luego, nos condujo a nuestra habitación.”
¡Esto no es un hotel! ¡Es un campo de concentración!
La aventura, empezada bajo los mejores auspicios, se terminaría rápidamente tomando otro cariz. Al día siguiente de su llegada, mientras se está paseando por las calles animadas de Oran, Manuel es detenido por la policía e inmediatamente encerrado en un campo reservado a los refugiados españoles clandestinos. El refiere:
“En los muelles de Orán, había unos hangares donde meterían unas mercancías. Allí habían instalado un campo, rodeado de alambre de púas y vigilado la noche y el día por la guardia móvil y por Senegaleses. Las condiciones de vida eran terribles. El segundo día de mi detención, pedí hablarle al director del campo. Era de origen árabe, pequeñito, bien vestido de blanco, pero muy cínico. Yo le dije que quería jabón y una tolla para lavarme. Y el tío, con las manos en los bolsillos, empezó a dar vueltas y se echó a reír: ¿Tú te crees en un hotel? ¡Esto es un campo de concentración!”
No hay que imaginarse que Manuel vivió allí una experiencia única. A partir de 1939, son centenas de millares de refugiados españoles huyendo del terror franquista que las autoridades francesas encierran sistemáticamente en lo que no se puede llamar sino campos de concentración.
Había muchos de esos campos en África del Norte. Había muchos más todavía en el mediodía de Francia, en particular en el departamento de los Pirineos Orientales, y los nombres de Barcarès, Saint-Cyprien o Argelès siguen resonando en la memoria de los antiguos refugiados españoles tan siniestramente como Drancy o Struthof en la de otras víctimas de los campos de concentración. Pues teniendo en cuenta los testimonios de estos refugiados y los trabajos de los historiadores (1), las condiciones de vida y los tratamientos en esos campos eran realmente inhumanos, en todo caso indigno de las tradiciones democráticas y liberales de Francia.
Por su parte, Manuel conocería cinco campos diferentes, en Argelia y en Marruecos. El régimen es parecido al de los trabajos forzados: todos los días, hay que manejar el pico y la pala, en las minas y las canteras.
“Les dábamos miedo a los oficiales...”
La liberación llega en noviembre del 42. Cuando los Angloamericanos desembarcan en África del Norte, firman un pacto con Darlan (próximo colaborador de Pétain que se hallaba aquí por casualidad), suprimen los campos, y ponen en libertad a los prisioneros. Se crean entonces los Cuerpos Francos de África, siendo todos sus miembros voluntarios antifascistas de diferentes horizontes, italianos, alemanes, españoles, etc. Manuel es uno de ellos. Comienza entonces la larga y difícil campaña de África durante la cual los Cuerpos Francos de África, incorporados a la segunda división blindada, se distinguirían tomando Bizerta en abril del 43.
En la división de Leclerc, Manuel formaba parte de la novena compañía del Tercer Regimiento de Infantería del Tchad, una compañía bastante diferente a las demás en la medida en que era casi exclusivamente compuesta de españoles. En ella estaban representadas todas las familias políticas de este amplio Frente Republicano que, durante tres años, había combatido desesperadamente la rebelión franquista: republicanos moderados, socialistas, comunistas, y, desde luego, anarquistas, los más numerosos.
En su libro de recuerdos publicado el año pasado (2), el capitán Dronne, a quien Leclerc le atribuyó, en el mes de agosto del 43, el mando de “la nueve”, dice de los voluntarios españoles que “eran magníficos soldados, guerreros valientes y experimentados...” (P. 262)
También cita una frase del general Leclerc referente a ellos: “Todo el mundo les tiene miedo...” Esta afirmación de Leclerc choca a Manuel. El exclama: “Nosotros les dábamos miedo a los oficiales porque los poníamos a prueba antes de darles la confianza. Si ellos chaqueteaban, nos negábamos a obedecerles. Por eso nos tenían miedo todos los oficiales franceses. "
“Los alemanes pagaban la mantequilla bien caro...”
En el mes de mayo de 1944, es el embarco para Inglaterra, con vistas a la vasta ofensiva aliada que, a esas fechas, aún no está prevista para el 6 de junio. Manuel pondrá sus pies por primera vez sobre el territorio francés el 4 de agosto, en compañía de todas las tropas de la segunda división blindada.
En su libro de recuerdos, el capitán Dronne cuenta algunas anécdotas sorprendentes que sitúan los acontecimientos en un contexto al cual la imaginaría un poco idílica de esa época, llena de alborozo y de efervescencia populares, no nos tenía acostumbrados.
Así por ejemplo, este encuentro, el 5 de agosto, con una vieja campesina normanda (P. 274-275):
“...El acento español debe sorprenderla a nuestra interlocutora. Hay que arrancarle las respuestas (...) ¿Usted debe estar contenta de hallarse liberada? Silencio. Insisten: ¡Usted estará contenta por lo menos de haber sido desembarazada de los alemanes!
Ella levanta la cabeza y contesta lentamente: -Los señores alemanes eran bien amables, pagaban la mantequilla bien caro.” Más adelante, página 292: “...He enviado a Baños y a algunos hombres con bidones para comprar gasolina.
Ellos entraron en una casa de campo. Un viejo labrador fue a llenar los bidones y se los trajo. ¿Cuánto?, preguntó Baños -Los alemanes pagaban 250 francos el litro, contestó el tío. -250 francos, demasiado caro, dijo Baños. -Pero no van Ustedes a cambiar los precios, exclamó el tío enfadado...” En fin, pagina 296:
“Los soldados me han señalado que algunos civiles han emprendido la visita sistemática de los vehículos alemanes abandonados, para hacer “recuperación”, en particular para recoger las baterías.”
Cuando a Manuel se le recuerda estas anécdotas, él asiente con fuerza: “! Eso es cierto! En Ecouché, yo vi a un tío que entraba en todas las casas con un saco, para robar.”
¿Y los aplausos, el recibimiento caluroso y entusiasta de la población, el alborozo? “Eso era en las grandes ciudades, pero no en las zonas rurales.”
El encuentro con Leclerc
Del 4 al 19 de agosto, la segunda división blindada libra su batalla de Normandía: Alençon es liberada, y luego, después de siete días de violentos combates, Ecouché. El 19 de agosto estalla la insurrección de Paris. El 22, el general Leclerc recibe del general Bradley, su superior jerárquico, la autorización de ir hacia Paris. El 23, la división se pone en movimiento y se dirige hacia la capital. Pero los alemanes resisten. Las escaramuzas son frecuentes, en Longjumeau, Anton y Fresnes retardan el avance del convoy. El 24, los combates continúan. Son particularmente difíciles en la Croix-de-Berny, a una docena de kilómetros de Paris. El capitán Dronne consigue no obstante romper el cerco con su compañía y, al ver que ante el es libre el camino, decide lanzarse para llegar a la capital lo más pronto posible.
Pero súbitamente, Dronne recibe la orden, por radio, de parar su avance y replegarse sobre el eje, a unos seiscientos metros al sur de la Croix-de-Berny. Juzgando absurda esta decisión, Dronne se niega a obedecer y continúa su camino. Pero la orden es repetida dos veces, con vigor, y el capitán Dronne obedece finalmente.
Ocurre entonces el célebre episodio, del encuentro con Leclerc, que califica la orden de “estúpida” y le ordena a Dronne lanzarse sobre París, con las tropas que pueda reunir, y sin preocuparse de nada sino de llegar cuanto antes al corazón de la capital.
Una sorprendente imprecisión
Aquí se presentan dos cuestiones que las diversas fuentes consultadas no permiten claramente dilucidar.
La primera consiste en saber quién dio la orden al capitán Dronne de replegarse hacia la Croix-de-Berny, y por qué razón. Los historiadores y los actores de esos acontecimientos dan prueba de una sorprendente imprecisión sobre este asunto. Manuel tiene la convicción de que fue del estado mayor del general Leclerc de donde vino la orden. Mas entonces, ¿quién tenía interés, dentro del estado mayor, en dar una orden que el propio general Leclerc iba a anular unos minutos después y que, sin esa intervención, hubiese probablemente impedido al capitán Dronne y a la nueve que llegaran las primeros a París? Y sobre todo, ¿por qué?
Se pueden avanzar dos hipótesis, entre las más probables.
La primera es que la orden de replegarse sobre la Croix-de-Berny correspondía a preocupaciones estrictamente militares, al estimar el estado mayor que la dificultad de los combates alrededor de la Croix-de-Berny justificaba que el destacamento de Dronne volviese hacia atrás y viniese a prestar su ayuda. Para Manuel, quien, recordémoslo, se hallaba en las primeras filas de la nueve, esta explicación es altamente improbable: “No había ningún peligro en la Croix-de-Berny. No existía ninguna resistencia. No había nada, nada, nada. El camino estaba libre.” De hecho, en su libro de recuerdos, el capitán Dronne no precisa en absoluto que tuvo que combatir una vez llegado al punto de destino fijado, cerca de la Croix-de-Berny.
No es menos incierta la segunda hipótesis, pero es más subversiva. Pudo ser que la orden fuese dada por uno o varios miembros del estado mayor del general Leclerc, inquietos por ver una compañía constituido casi exclusivamente de españoles, anarquistas en su mayoría, entrar la primera en la capital. En suma, esta explicación no es la más extravagante. La reciente polémica suscitada en Francia por la película de Mosco sobre el asunto del grupo Manouchian (3) recuerda bien que las consideraciones nacionalistas no estuvieron ausentes, ni mucho menos, en los combates de la resistencia y de la liberación.
Una segunda cuestión, de menor importancia, consiste en saber por qué razón el general Leclerc designo a Dronne, luego la nueve, para que entraran los primeros en París. Manuel no vacila un segundo:
“Como Leclerc era un hombre experimentado, sabía que con una compañía de españoles, podía estar tranquilo, por si acaso hubiese jaleo. Entre los soldados, ya parte de los oficiales franceses que habían tomado parte en la campaña de África, los Españoles solos conocían bien la guerra.”
En realidad, los hechos históricos obligan a reconocer que el escoger la nueve fue probablemente una consecuencia indirecta de la iniciativa del capitán Dronne, más que el resultado de una confianza particular de Leclerc en la competencia militar del os españoles. Iniciativa de Dronne, recordémoslo, que había consistido en sobre pasarla Croix-de-Berny, de modo que su compañía era la mejor emplazada para lanzarse la primera hacia París. No cabe duda que Leclerc hubiese dado la misma orden a cualquier destacamento que se hubiese hallado en ese mismo sitio en esos momentos precisos.
El capitán Dronne y su compañía de Españoles, por lo tanto, fueron los que la suerte, en la persona del general Leclerc, escogió para que fuesen los primeros en entrar en la capital.
70% de españoles en la tropa que entró la primera en París

Manuel Lozano al llegar a París
Curiosamente, es muy difícil determinar con precisión cuáles fueron las tropas que acompañaron a la nueve y al capitán Dronne en su misión. Las diferentes fuentes consultadas, cuando no son contradictorias, son incompletas o excesivamente vagas. Es tanto más curioso cuanto que muchos actores de aquella época siguen viviendo, en particular el capitán Dronne, y que, por consiguiente, las informaciones no deberían faltar.
Sea lo que fuere, pienso que se puede, sin gran riesgo de errores, detallar como sigue la composición del destacamento que, ese 24 de agosto de 1944 hacia las nueve menos cuarto, entraba en París, varias horas antes que el grueso de las tropas de la segunda división blindada:
-Dos de las tres secciones que componían la novena compañía del Tercer R.M.T, la nueve, acompañadas del vehículo de mando en el cual iba Manuel, es decir once vehículos blindados en total.
-Una sección de tres tanques Sherman que provenían de las primera y segunda compañías del Regimiento 501.
-Una sección del cuerpo de ingenieros compuesta de dos vehículos blindados y dos camiones G.M.C.
-Un jeep en el cual iba el capitán Dronne y su conductor.
En fin, ciertas fuentes informativas indican también la presencia de un vehículo blindado de reparaciones, incluso de una o dos ambulancias. Procedamos ahora a una evaluación del destacamento con arreglo a las diferentes nacionalidades representadas. La sección de tanques y la del cuerpo de ingenieros las componían franceses, unos cuarenta hombres en total. (Manuel precisa que la mayor parte de los hombres del cuerpo de ingenieros, que él calcula en 25 más o menos, eran argelinos). Las dos secciones de la nueve las componían unos noventa hombres, todos españoles. El coche de mando iba ocupado por cinco soldados españoles, entre ellos Manuel, y un subteniente francés.
En resumen, el 70% por lo menos de los hombres que componían la tropa de Dronne eran españoles. Esto merece ya que lo señalemos. Digna de atención también es la elección de Dronne en lo que se refiere al emplazamiento de los diferentes elementos de su destacamento antes de la entrada a París: en cabeza, el coche de mando seguido por el jeep del capitán y de las dos secciones de la nueve. En la cola del convoy, los tres tanques y la sección de ingenieros.
Todo ello, en resumidas cuentas, no tendría mucha importancia si la mayor parte de los historiadores y los escritores franceses de la liberación no se hubiesen ingeniado para ignorar, deliberadamente o no, no sólo el predominio, sino también la simple existencia de los españoles en el destacamento que, está bien comprobado, fue el primero que entró en la capital.
Entre las obras más conocidas, citemos la de Dominique Lapierre y Larry Collins (4)y la de Henri Michel (5). Ni una ni otra hacen la menor alusión a una cualquier presencia de españoles en el destacamento de Dronne. Mejor todavía, Henri Michel escribe pagina 131: “Si, verdaderamente, Americanos, Franceses libres y F.F.I (Fuerzas francesas del interior, la resistencia -NDLR-) son indisociables en esta victoria aliada que fue la liberación de París...” Hay en esta afirmación una preocupación por restringir el campo de los vencedores que es bien dudosa.
Una voluntad de omitir la presencia de los españoles
Admitamos sin embargo que a los autores de esas dos obras les hayan podido inducir en error fuentes de información comunes, falsas o incompletas.
La primera obra importante que se escribió sobre la liberación de París fue la de Adrien Dansette, publicada en 1946 (6). En ella, Dansette no indica ninguna presencia de españoles al lado del capitán Dronne. Ahora bien, lo que se podía atribuir a una falta de informaciones precisas y exactas en el caso de Lapierre y Collins y Henri Michel no puede serlo, en lo que se refiere a Dansette, sino a una voluntad de omitir, de pasar por alto una verdad histórica indiscutible. Por qué motivo: sin duda por oscuras preocupaciones nacionalistas, frecuentes en aquella época.
Sea lo que fuere, la omisión voluntaria de Dansette no da lugar a dudas. Ante las muchas partes que hacían constar la presencia activa de los españoles a la vanguardia de los combates, ¡él pretende que se trataba de marroquíes! Asimismo, Dansette afirma que fueron los tres tanques Sherman -cuyos nombres elocuentemente galos (Montmirail, Romilly y Champaubert) él cita con un placer evidente- los que llegaron primero al ayuntamiento de París, a la vanguardia del destacamento del capitán Dronne. Y ello a pesar de las numerosas declaraciones del propio capitán Dronne según las cuales eran bien unos vehículos blindados repletos de combatientes españoles, y que llevaban nombres tan poco equívocos como “Madrid”, “Teruel”, “Ebro” o “Guadalajara”, los que iban en cabeza del convoy.
Es posible que el ostracismo que, en Francia, desde hace cuarenta años, afecta a los combatientes españoles de la liberación lo haya originado una información errónea al principio. Es posible, pero no es probable. Primero porque muchos testigos y actores de aquellos acontecimientos viven todavía, y que la obra de Dansette no es la única fuente de documentación existente. Luego porque los escritores e historiadores franceses de la liberación más conocidos han manifiestamente descuidado, cuando no la ignoraban, la participación decisiva de los españoles, mientras exaltaban de modo a menudo excesivo la de los combatientes franceses.
El mito de los franceses liberados por ellos mismos
Al respecto, el “mito de los tres tanques”, lanzado por Dansette, ha sido un gran éxito. En la página 316 de su célebre obra, Dominique Lapierre y Larry Collins escriben: “En unos minutos, Dronne había constituido su pequeño destacamento. Este se componía de tres Sherman que llevaban nombres de victorias napoleónicas, “Romilly”, “Montmirail”, y “Champaubert”, y media docena de vehículos blindados...”
Asimismo, es siempre chocante constatar a qué punto las fotografías que ilustran los libros sobre la liberación de París son minuciosamente escogidas de tal modo que se ponga en relieve tal acción de los F.F.I, tal hecho de armas de las Fuerzas Francesas Libres, etc. Y sin embargo, no faltan las fotografías de combatientes españoles, identificables por los nombres que llevan sus vehículos. Así es como, progresivamente, se ha constituido el mito de “los Franceses liberados por ellos mismos”. Mito inaugurado por de Gaulle con su célebre discurso del 25 de agosto en el ayuntamiento de París, recogido por generaciones de escritores y de historiadores, luego asimilado por una comunidad nacionalista, frustrada de una victoria a la cual había participado sólo con circunspección.
Es este consenso nacional alrededor de una tranquilizadora mitificación histórica el que ha venido a quebrantar, algunas semanas ha, la película de Mosco, cuyo interés reside menos en la acusación del Partido Comunista Frances respecto al grupo Manouchian, que en el recuerdo de los combates heroicos que los trabajadores inmigrados llevaron a cabo en Francia contra el invasor nazi.
Sin duda, muchos franceses participaron valiente y activamente en los combates de la resistencia, interna y externa, contra el fascismo y el nazismo. Pero, seamos honrados, los franceses, en su mayoría, nunca abandonaron, durante esas horas decisivas, su inquebrantable pasividad.
“Ir a buscar a los colaboradores franceses...
Manuel tiene cabalmente conciencia de todos estos problemas que se presentaron inmediatamente después de la liberación. Pero afirma con energía que en aquella época, lo que más importaba era la lucha de todos contra los nazis: “No había problemas de nacionalidades o de ideologías.”
No obstante, pequeños incidentes opusieron los combatientes españoles y sus camaradas de combate de las Fuerzas Francesas del Interior (F.F.I). Incidentes que traducen, parece ser, dos concepciones divergentes de la guerra de liberación.
“En Ecouché, los F.F.I cogieron prisioneros y los encerraron en un hangar, no dándoles nada de comer. Fuimos nosotros, los Españoles, quienes les dimos pan y agua.”
Otro incidente, de la misma índole, ocurrió en el Bosque de Bolonia (cerca de París), donde se había instalado la nueve, tras el desfile del 26 de agosto en los Campos Eliseo:
“Vinieron muchas chicas, que decían que habían tenido relaciones con soldados alemanes. Y los F.F.I venían a buscarlas para cortarles el pelo. Nosotros les dijimos a los F.F.I: aquí no hay quien toque a una de estas mujeres. ¿Han salido con alemanes?   Mientras no hayan delatado a nadie, no tiene importancia. Ir a buscar a los colaboradores franceses, no a estas pobres desgraciadas.”
“Hubiéramos llegado hasta Barcelona...
Después de los violentos combates del 25 de agosto en París, luego el célebre desfile del 26 en los Campos Eliseo, al cual participo Manuel a bordo del coche de mando dela nueve, vendrá la liberación de Estrasburgo el 23 de septiembre, el paso por el campo de Dachau, recientemente liberado por los Americanos, luego la última etapa, Berchtesgaden, la más celebre guarida de Hitler. Anécdota divertida, fue un soldado de la nueve, Fernández, quien condujo hasta París el coche de Hitler, una mercedes blindada.
En el ánimo de los españoles sin embargo, no se había terminado la misión de la segunda división blindada. “Habíamos entrado en la división Leclerc pensando que después de Francia, iríamos a liberar España.”
Primera desilusión, primer engaño. Más tarde, iban a desdeñar, incluso a negar el papel capital que habían desempeñado los Españoles en la liberación de París y de Francia. Por el momento, les quitaban lo que, ante todo, había motivado su lucha: la esperanza de librar España de un régimen que, con el de Salazar en Portugal, iba a ser el único fascismo histórico que no se hundió en el torbellino liberador desencadenada raíz del derrumbamiento del Tercer Reich.
Manuel recuerda: “Antes de Estrasburgo, comprendimos que no íbamos a liberar España. En mi compañía, la nueve, todo el mundo estaba dispuesto a desertar con todo el material. Campos, el jefe de la tercera sección, tomó contacto con los guerrilleros de la Unión Nacional que combatían en los Pirineos. Pero la Unión Nacional estaba manejada por los comunistas, y tuvimos que renunciar.”
¿Pero si el caso no hubiese sido así, si los comunistas no hubiesen predominado en la Unión Nacional? “Entonces hubiésemos embarcado la compañía, y no sólo la compañía, sino todos los otros batallones donde había Españoles. Lo teníamos estudiado todo. Con los camiones cargados de material, de gasolina, hubiéramos llegado hasta Barcelona. En tal caso, quién sabe si no se hubiese podido cambiar el curso de la historia...”



DOCUMENTAL: La Nueve, los olvidados de la victoria.